Ética IA

Cuando una IA acompaña a la ciudadanía la confianza no es opcional: es parte de la experiencia.

Las personas no están comprando un producto ni explorando una novedad tecnológica. Están ejerciendo un derecho, resolviendo una obligación o buscando orientación. Por eso, la ética no es una capa adicional del sistema, sino una condición para que la conversación funcione.

Transparencia

Decir claramente cuando se trata de una IA

La persona debe saber en todo momento si interactúa con un asistente automatizado o con un asesor humano.

Mostrar de dónde proviene la información

Las respuestas deben construirse a partir de fuentes y documentación oficiales disponibles para el sistema.

Reconocer los límites, no completar vacíos

Si la IA no cuenta con suficiente información, lo correcto es admitirlo y orientar la conversación hacia una alternativa útil.

Hablar con el nivel adecuado de certeza

Cuando una tarifa, fecha o valor puede cambiar, la IA debe presentarlo como una referencia y no como una afirmación absoluta.

Equidad y sesgo

La IA debe ofrecer el mismo nivel de respuesta sin importar el idioma, la ciudad, la región, el país o la forma de escribir de quien consulta.


El lenguaje debe mantenerse respetuoso y adecuado para todo público, incluso en conversaciones difíciles o cuando la interacción ocurre en un tono hostil.


La tecnología no puede convertirse en una barrera de acceso. Siempre debe existir un camino alternativo (presencial, telefónico o asistido) para quienes no puedan o no deseen utilizar canales digitales.


Privacidad

Detrás de cada consulta hay información de una persona, y protegerla es parte del diseño de la experiencia. El principio es simple: pedir solo lo necesario, proteger lo que se recibe y garantizar el control sobre los datos.

Solo lo necesario
La IA solicita únicamente la información indispensable para resolver la consulta. Si un dato no aporta a la respuesta, no debería pedirse.
Lo sensible no llega al modelo
Datos como documentos de identidad, información de contacto o medios de pago se omiten o anonimizan antes del procesamiento.
Accesos controlados
El acceso a conversaciones, configuraciones o fuentes de conocimiento está limitado a perfiles autorizados y auditables.
Sin sorpresas
Las personas deben poder entender qué información se almacena, con qué propósito y qué opciones existen para gestionarla cuando corresponda.

Supervisión y mejora continua

Implementar una IA no es el final del proceso, sino el inicio de uno nuevo. Detrás de cada asistente existe un equipo responsable de supervisar su comportamiento, corregir desviaciones y garantizar que la experiencia se mantenga alineada con los principios definidos.

La responsabilidad sigue siendo humana
La IA asiste, pero la responsabilidad sobre sus respuestas y decisiones permanece en la organización. Esto además evita: repetir la pregunta, responder con introducciones innecesarias o anticipar información que la persona no solicitó.
El feedback se convierte en mejora
Reacciones, encuestas y reportes de error alimentan el proceso de revisión y ajuste del asistente.
Se revisa periódicamente
Las conversaciones se auditan para identificar respuestas incorrectas, sesgos o comportamientos alejados de los estándares esperados.
Se ajusta desde la raíz
Cuando se identifica un problema, la corrección ocurre en las fuentes de conocimiento o en las instrucciones del sistema para evitar que vuelva a repetirse.